Cambia. Todo cambia muy rápido en el fútbol argentino, como si las
opiniones estuvieran en una centrífuga. Hasta hace un tiempo Ariel Holan
estaba visto como un científico loco por los drones que sobrevolaban
las prácticas en Villa Dominico. También se le cuestionaban las
decisiones por haber postergado los partidos con Talleres -los Rojos
ganaron 2-0 en la fecha reprogramada- y con Defensa y Justicia. Ni que
hablar de los módulos de defensa y ataque del que la mayoría entiende
poco y nada. Lo cierto es que hoy Independiente es otro. Ya no le hacen
goles así como así y, como contracara, cada ataque de los Rojos es una
amenaza cierta.
No es que Holan haya descubierto la pólvora futbolística, de hecho
tiene una materia pendiente: sentirse tranquilo en casa, en medio del
vapor del Libertadores de América, como lejos de Avellaneda, donde los
Rojos se elevan a la potencia más alta. La victoria ante Arsenal, en
Sarandí, al borde del acceso Sudeste y con las luces de la avenida Mitre
de fondo, lo hizo sentir en el barrio, pero no es lo mismo. El gran
desafío estará el viernes próximo, ante Estudiantes, entre las gargantas
del diablo, cuyo aliento no siempre suele ser el mejor impulso.
Independiente
tendrá que ser tan paciente de local como se muestra de visitante.
Sobre todo, deberá sostener la capacidad goleadora que desató con el
vendaval ante Patronato: el 5-0 en Paraná le dejó en claro que puede ser
un equipo efectivo en la última línea y que también puede lucirse en la
ofensiva.
¿Por qué Independiente es otro cuando ataca? Porque
retrocede en bloque y, sobre todo, avanza en bloque. Porque le dio
confianza a Rigoni, un hombre que había perdido terreno con Milito y que
ahora parece dispuesto a llevarse todo por delante, ya sea como
mediocampista o como delantero. El esquema favorece al ex jugador de
Belgrano: antes casi no participaba del juego y ahora si la pelota no
pasa por sus pies, la jugada pierde fuerza en busca del arco. No importa
que no tenga tanta ductilidad en un esquema que va y que viene. Los
Rojos son directos, frontales y precisos, y eso favorece las intenciones
de los más audaces. Rigoni es uno de ellos.
El equipo venía
formándose y ya había dado algunas pistas de lo que podría ser. Hay que
verlo desde lo alto para darse cuenta de que tiene una zona clave, la
que conecta el medio campo vía Rigoni, Benítez y Barco, con el único
delantero Gigliotti, que asume sin inconvenientes el trabajo sucio, que
aguanta la pelota como un pivote en el básquetbol y que casi siempre la
devuelve para un jugador a la carrera. Independiente es veloz por las
bandas y resuelve sin complicarse; en los últimos partidos consiguió lo
más complicado: precisión en velocidad. Tal vez Gigliotti tenga que
definirse como el goleador que alguna vez fue. Pero mientras siga
bajándoles la pelota a sus compañeros su trabajo estará a salvo bajo la
lupa de Holan.
Es cierto que anoche se encontró con un rival mucho
más débil y que sólo aspira la permanencia en la máxima categoría.
Arsenal tiene demasiadas limitaciones y Grondona no le encuentra la
vuelta a un plantel con jugadores que en otros clubes no tenían grandes
oportunidades. El conjunto de Sarandí resiste hasta que recibe el primer
gol. Después ya no le dan la mente ni el cuerpo como para
reincorporarse. De nada le sirve acumular atacantes y mediocampistas con
perfil ofensivo. Sin una línea de conducta jamás será un equipo
efectivo.
Independiente se reinventó en las últimas fechas. De
aquel plantel al que le costaba hacer goles se transformó en otro mucho
más vertical y que aprovecha cada oportunidad. De hecho, convirtió once
tantos en las últimas seis fechas y apenas le anotaron dos (1-1 con
Vélez y con Atlético de Rafaela). El método Holan poco a poco entra en
el paladar de una gente cuya exigencia varía según los vaivenes propios y
ajenos. Cada vez está más cerca aquel deseo de la gestión Moyano:
clasificarse y hacerse fuerte en algún torneo internacional. Por ahora
va a un buen ritmo.
Diario La Nación

No hay comentarios:
Publicar un comentario