Pero
ya sabemos cuán espasmódicos y perturbados (por un rato) nos ponemos
los argentinos, en especial, los hinchas y periodistas.
Guillermo Barros Schelotto resolvió que
una conferencia de prensa no continuase porque un señor espectador, de
esos que abundan los fines de semana, lo insultaba de arriba abajo bajo
el escondite del anonimato y la distancia.
Muy bien Guillermo. Lección para periodistas y lección para hinchas, a quienes hay que educar desde la salita de tres.
Cuarenta y tres barrabravas de Racing
detenidos en la previa y en la salida del partido ante Atlético Tucumán
en la noche del sábado, cuando se movían como peces en el agua en las
instalaciones del club mientras lucían sus saludables “provisiones” para
disfrutar de una fecha en paz: manoplas, revólveres, documentos y
entradas truchas.
A Juan Manuel Lugones, titular del
APREVIDE, (Agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte en la
provincia de Buenos Aires), se lo notaba contento con la acción.
Es cierto que impedir el ingreso de
estos grupos fascistas que ideológicamente repudian el humanismo, la
solidaridad y la conciencia de clases, y que se acodan con policías y
burócratas sindicales, es un primer paso positivo; pero lo
imprescindible aún no aparece.
El emprendimiento de una campaña
permanente y nacional que alfabetice a niños, adolescentes, adultos y
veteranos sobre la tolerancia en el fútbol.
Y ésta es una acción política que hemos
reclamado a todos los gobiernos desde los tiempos de la multiplicación
de los crímenes en las canchas allá por los ochenta.
Ojalá se impida el ingreso de los barras
a todos los estadios. Todo lo que se vio en la detención de los capos
de Racing forma parte de aquello que portan los capos de todas las
hinchadas del país. Su componente filosófico y político de vida los
lleva para ese lado: la violencia, la muerte, el odio, la creencia de
una superioridad divina. Muy parecido a aquello que en estos días se
observa en los sectores golpistas venezolanos. Allá se colocan la ropa
de envalentonados defensores de la libertad, aquí se colocan la camiseta
de un club al que sólo quieren para el negocio y el beneficio personal.
Por eso Guillermo hizo bien en dar una
lección y APREVIDE hizo bien en aparecer en el momento oportuno. Quien
pudiese contar en la Argentina, dentro de poco o dentro de mucho, una
seguidilla de acciones como estas. Día a día. Acompañadas por un
periodismo deportivo que abandone – aunque sea a cuentagotas - su
creciente exacerbación del resultadismo. Cada tanto, con hechos como el
fin de semana, nos viene algo parecido a la esperanza.
Ocurre que de pronto, después del minuto de luz, otra vez empieza el humo.
http://hipercritico.com

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